MADRID.- Los últimos instantes de Muammar Kadafi antes de su linchamiento, su apresamiento y humillación, quedarán en la memoria de los jóvenes que lo encontraron escondido en una alcantarilla de Sirte, el 20 de octubre, después de que aviones de la OTAN bombardearon el convoy en el que se trasladaba el líder libio.

Cuatro rebeldes relataron al diario español "El País" cómo encontraron a Kadafi y la sorpresa que se llevaron cuando se dieron cuenta de que era él. Como trofeos guardan dos pistolas, una de ellas de oro, una bota de cuero y una gorra militar, que le quitaron antes del linchamiento.

Omran Yuma Shaban, estudiante de ingeniería eléctrica, y sus compañeros de armas Ahmed Ghazal (empleado de hotel), Nabil Darwish, (mecánico de autos) y Salem Bakir (comerciante), junto con otros tres milicianos estaban encargados de la vigilancia en la zona donde ocurrió el ataque de la OTAN.

"Recibimos información de que un convoy de 50 vehículos se desplazaba desde el barrio 2 de Sirte. Sabíamos que Mutasim, el hijo de Kadafi, estaba en la ciudad, y al mismo tiempo supimos que la OTAN atacaba a esa hora la caravana", narró Omran a El Pais.

"No creía lo que veían mis ojos. Es muy difícil describir mis sensaciones. Pero ahora creo que capturé al mayor terrorista del mundo, después de Osama bin Laden", añadió.

Él se unió a la rebelión en abril, luego de que su ciudad, Misrata, fue cruelmente atacada. "Los soldados de Kadafi empleaban en Misrata los métodos más sucios. En marzo, en mi barrio, cualquier hombre que salía de casa era detenido; mataban a niños, violaban a mujeres...", explicó.

Tras el bombardeo al convoy kadafista, los soldados intentaron inútilmente escapar por la árida zona circundante, mientras que decenas de rebeldes los rastreaban. "Hubo duros combates, matamos a muchos de ellos y a otros los apresamos. Los soldados se dividieron; unos querían entregarse y otros prefirieron luchar", contó el miliciano.

Los 200 metros que mediaban entre los restos calcinados de su caravana y un conducto de cemento para desagüe fueron los últimos que recorrió a pie el "rey de reyes", que gobernó Libia por 42 años. "En un extremo de las tuberías, uno de los 15 soldados levantaba la bandera blanca, pero al otro lado de la ruta, a 20 metros, los kadafistas seguían disparando. ?Nuestro líder está aquí?, gritó de repente el soldado dispuesto a rendirse. Pero no imaginamos ni por un momento que ese líder era Kadafi", prosigue el relato de Omran.

Fue Salem quien se aproximó a la salida de la tubería, luego de la rendición de los soldados del anterior régimen. "Lo ví cuando ya estaba fuera de la tubería y a dos metros de mí -recuerda Bakir-. Me quedé conmocionado y paralizado. Pero toqué el Corán que llevo en el bolsillo, y eso me dio fuerzas para chillar: ?¡Aquí está Kadafi!, ¡aquí está Kadafi!? Le dije que soltara su arma tres veces, pero no lo hizo. Y él me dijo: ?¿Qué pasa?, ¿qué pasa?, ¿qué pasa?".

Omran, ametralladora en mano, saltó de la camioneta hacia el cuerpo ya ensangrentado del dictador. "Los militares aún tenían (los fusiles) en las manos y podían disparar. Me dio miedo. Entonces me abalancé sobre Kadafi y le quité una de las pistolas, la que no es de oro. No sé de dónde me salió la fuerza", agregó Omran.

"Cuando lo vi gateando y mirando con la cabeza ladeada, pensé: ?¿Cómo el rey de reyes podía estar ahí como una rata?? Esa imagen me acompañará todas las noches de mi vida cuando me vaya a dormir. Recogí su bota y su gorra", recordó a su vez Ghazal.

En sólo unos instantes, decenas de rebeldes llegaron en camionetas al lugar. En el tumulto, entre alaridos de alegría y proclamas de Alla uh Akbar (Dios es grande), el linchamiento, las patadas y golpes contra un Kadafi indefenso y aturdido, que ruega clemencia mientras es vapuleado.

No se sabe con precisión cuándo ni quién le descerrajó los balazos en la cabeza y en el abdomen a Kadafi, aunque al menos dos insurrectos se vanaglorian de haber asesinado al dictador luego de que se rindió.

Un par de días después de la batalla de Sirte, surgieron críticas de varias ONG internacionales al gobierno de transición por las violentas circunstancias del deceso. En teoría, no debería ser difícil localizar a los dos individuos que afirman ante la cámara de un celular haber acabado con la vida de Gadafi. Sus caras se ven con toda claridad. (Especial)